22 diciembre 2006
20 diciembre 2006
La puntualidad
La puntualidad es una virtud que definitivamente tengo, pero que en ciertos momentos se me revira como un perro rabioso, haciéndome perder la paciencia cuando los otros no la comparten. No puedo evitar sentir que la impuntualidad es una falta de respeto absoluto hacia las personas que sí valoran el tiempo. Y es que, cuando alguien llega tarde, lo que nos roba es precisamente el tiempo, ese bien tan preciado y finito. Muchos parecen creer que el tiempo se crea por generación espontánea, como si fueran magos espléndidos capaces de sacarlo de la chistera a voluntad: cinco, diez, veinte o incluso treinta minutos. Pero la cruda realidad es que ese tiempo se va, se escurre como agua entre los dedos y nunca regresa.
El tiempo perdido no vuelve. Se convierte en parte del pasado, en una oportunidad que ya no existe, en una cita que nunca comenzó a la hora adecuada. Lo curioso es que, aunque entiendo y valoro el peso de este concepto, no puedo dejar de ser puntual. Me gustaría poder relajarme, ceder, pero hay algo en mí que no lo permite. Esa sensación de incomodidad se parece a una alarma interna que me recuerda constantemente la importancia de respetar el tiempo de los demás y el mío propio. Quizá sea una mezcla de costumbre, responsabilidad inculcada desde la infancia y una percepción del tiempo como un recurso limitado que no se debe desperdiciar. Esa "inquietud" que me invade cuando sé que puedo llegar tarde actúa como un motor que termina siempre por empujarme a ser el primero en cualquier cita, como si así pudiera tener cierto control sobre lo que sucede a mi alrededor.
Me pregunto con frecuencia qué elementos psicológicos, personales, sociales, culturales, incluso matemáticos o físicos, intervienen en la puntualidad de las personas. ¿Por qué algunos parecen no tener la misma necesidad de llegar a tiempo? ¿Es un tema de crianza, de experiencias, de costumbres o simplemente de personalidad? Tal vez la puntualidad nace de una combinación de hábitos familiares y una valoración interna del respeto por los demás. He intentado analizarme y recordar cuándo empecé a ser puntual. ¿Hubo algún momento, algún episodio en mi vida, que marcó la importancia de llegar a tiempo? Pero, como en tantos otros aspectos de mi existencia, no logro encontrar respuestas claras, aunque sigo reflexionando al respecto.
A veces fantaseo con ser más irreverente, más inflexible con los impuntuales. Me gustaría levantarme e irme sin más cuando alguien llega tarde, dejar claro que el tiempo es valioso y que no estoy dispuesto a regalarlo. Sin embargo, no puedo. Quizá es por esa sensación de culpabilidad que me asalta al pensar que podría estar exagerando, o tal vez por la educación que recibí, en la que se me inculcó que la paciencia es una virtud. O quizás, simplemente, temo al conflicto, a enfrentarme a la incomodidad de dejar a alguien con la palabra en la boca. Algo dentro de mí siempre me obliga a esperar, a conceder esos minutos que sé que no volverán.
Quizá algún día logre ese equilibrio. O tal vez continúe siendo ese eterno puntual que aguarda con paciencia, observando cómo el tiempo pasa, confiando en que, en algún rincón del universo, esos minutos que perdí encuentran su razón
16 noviembre 2006
La impaciencia
Estoy absolutamente seguro de que esa fiera se puede domesticar, pero ¿Cómo? Estoy igualmente, absolutamente seguro, de que la impaciencia es fruto de mi carácter, que cuando nací, ya tenía un buen chute de impaciencia corriendo por mis venas. Esta fiera, campa a sus anchas por todo mi ser, pero sobre todo cuando me subo al coche y arranco rumbo desconocido. Cuando me encuentro algún otro automovilista delante de mi, que va mirando el paisaje y seguramente, disfrutando de su paseo. Mientras, yo detrás, solo pensando en como sobrepasarlo, pero como siempre ocurre, este automovilista me impone su ritmo y no me queda otra que tragarme toda su parsimonia. Seguramente que a alguno de ustedes también le ocurre.
En muchas ocasiones he intentado controlar a este salvaje animal, que sale de mi como un huracán sin control, de las formas que los especialistas dicen en sus manuales tales como respirar profundamente, desviar la atención del momento que estoy viviendo e incluso, disfrutar del momento, sacar lo positivo del momento. Tengo que decir que algunas veces lo consigo y muchas mas no.
Y la impaciencia se me acrecienta cuando tengo alguna cita personal, entonces, a esta fiera se le suma mi virtud de ser extremadamente puntual; soy incapaz de llegar tarde a ningún sitio. Este binomio suele ser explosivo y busco estrategias para desactivar alguna de ellas, y sinceramente, casi nunca lo consigo.
La impaciencia es un comportamiento absurdo, si eso lo sé, porque no saco nada poniéndome nervioso; mi vehículo no irá mas rápido, ni mi coche volará por soltar a esta fiera, ni las colas van a desaparecer, ni tampoco, irán mas rápido. Al final soy yo el perjudicado, pero como dicen por ahí, el que quiera mal por su gusto…al infierno a quejarse.
09 noviembre 2006
La conciencia de estar vivo
Quizás a bote pronto, y así de repente, puede parecer algo obvio, eso de tener conciencia de estar vivo, pero es que a mi, me pasa con cierta frecuencia, yo diría más, yo creo que la mayoría del tiempo tengo esa extraña sensación.
Y digo extraña sensación, porque, por unos instantes, me veo a mi mismo, y en ese mismo instante, tomo conciencia de que estoy aquí y ahora. Por ejemplo, ahora me esta pasando, cuando escribo estas líneas, pero claro, en esta ocasión no tiene mucha relevancia, porque estoy escribiendo sobre ello.
Esa impresión me sobreviene en cualquier momento de mi vida cotidiana, en las situaciones más habituales, conduciendo la moto, cocinando, viendo la televisión, leyendo, etc. Pero también en situaciones no tan cotidianas y digamos mas extraordinarias que se salen de lo normal.
En muchas ocasiones me paro a pensar porque me ocurre eso, y pienso que seguramente le pasa a todo el mundo y que el ser humano toma conciencia del aquí y del ahora, pero he preguntado a algunas personas sobre este tema y no saben contestarme con certeza.
Ese estado de ser conciente, realmente no me preocupa, pero si me ocupa, porque me hace sentirme vivo, sentirme que estoy aquí, viviendo en este instante, en un mundo que se desarrolla, que camina unas veces hacia delante y otras hacia atrás.
Y realmente en esos momentos de conciencia abierta, no me hago ninguna pregunta existencial, del tipo que hago aquí, si tengo alguna misión en este mundo, no, es mucho mas sencillo, solo pienso que estoy aquí y ahora.
En fin, si les pasa lo mismo, simplemente me lo hacen saber.
07 noviembre 2006
El amor
Lo grandioso del amor, es que tiene miles de formas distintas y variadas, y no digamos las formas que tiene el amor de expresarse que también son miles y diversas. Porque el amor, queridos míos, es infinito, y digo bien, INFINITO.
Son esas caras del amor lo que lo hace diferente, así, el amor es, el amor por un hijo, por un hermano, por un amigo, por nuestra mascota, por nuestro vecino, por un libro, por una película, etc… y todos ellos se expresan de manera diferente, porque todos ellos tienen propia vida, porque el amor, tiene esa forma especial de expresarse.
El amor es un sentimiento, tan fuerte, que nos puede llevar hasta la locura, hasta la mayores de las tristezas, incluso llegar a morir por amor, por el no correspondido pero también por el correspondido, e incluso llevarnos hasta el Nirvana, hacia el éxtasis mas increíble.
El amor no tiene manifestaciones violentas, porque el que ama no hiere, no agrede, no mata, puramente ama. Porque el que utiliza el amor como justificación para hacer daño, simplemente está pudriendo este sentimiento.
Pero algunos dicen que del amor al odio, hay un paso, una línea tan fina, que muchos cruzan, pero yo siempre digo, que el que cruza esa línea, nunca sintió amor verdadero; no se puede odiar a quien se amó, quizás no sentir sentimiento alguno por esa persona, quizás indiferencia, pero jamás odio.
El amor, es, en fin, un sentimiento que hay que cultivar en todas sus facetas, con una buena sonrisa y buen talante, y cuando sientas sentimientos de odio hacia alguna persona, intenta cambiarlo, porque los sentimientos de odio te acaban pudriendo el corazón y el alma, y la vida es tan maravillosa, que es muy jodido que se nos pudra por dentro.
26 octubre 2006
Los que no llegaron a ser
Y esos que «no llegaron a ser» estuvieron a punto de ser nuestros amig@, nuestros amores o nuestros amantes y que como aves migratorias, un día se posaron en nuestros corazones, nos escucharon, se rieron con nosotros, nos besaron, nos amaron, bebieron de nuestra alma, y otro día, sin más, se fueron.
¿Cuántos no llegaron a ser has tenido en tu vida? ¿Los has contado? ¿Sabes qué ha sido de ellos?
Yo tengo bastantes «que no llegaron a ser» y lo recuerdo con cierta tristeza y también, porqué no decirlo, con cierta melancolía y nostalgia, ya que todas esas personas fueron parte de mi vida y de algún modo enriquecieron mi vida. Todos ellos han contribuido a construir lo que hoy soy, porque de muchos de ellos aprendí muchas cosas, y de alguno, cuando los recuerdo, no puedo evitar esbozar una tierna sonrisa y de otros, también, tengo malos recuerdos, pero esos, son los menos.
Siempre me he preguntado por qué «no llegaron a ser» y en algunos he logrado encontrar la respuesta, pero en otros, son toda un incógnita, que muy probablemente jamás podré despejar y resolver, porque sencillamente no es una triste operación matemática sino una ecuación personal donde se mezclas muchos factores personales, y claro, esos factores no son nada fáciles de resolver.
A todos los «que no llegaron a ser»les dedico esta entrada, porque de alguna forma siguen estando en mi corazón.
También en:
https://steemit.com/spanish/@moises-moran/los-que-no-llegaron-a-ser
25 octubre 2006
La amistad
Muchas veces te habrás preguntado qué tiene esa persona para que sea tu amig@, qué cualidades tiene, qué defectos, porqué es tu amig@ y porqué no es tu enemigo, o simplemente una de esas de las cientos de personas que pasan por tu vida sin pena ni gloria.
¿Qué tienen esas personas que nos hacen vibrar, reír e incluso llorar? Esas personas, con las que estamos horas y horas hablando y que parece que el mundo se para en ese preciso momento. Es todo un misterio.
Dicen que cuando tienes un amig@, tienes un tesoro. Y cierto que es así, porque cuando tienes un amig@ sabes que tienes alguien a quien acudir cuando la vida te juega una mala pasada o cuando simplemente te ha ocurrido algo extraordinario y tienes que contárselo a alguien.
Y es que los amig@ siempre están ahí, son como los bancos de un buen parque, que siempre están para cuando los necesitas, no se van, no tienen excusas, simplemente están.
Muchas veces pensamos que algunos de nuestros amig@ se han olvidado de nosotros porque no nos llaman, no nos envían correos, y muchos parecen que se han esfumado, pero no es así, siguen ahí, esperando tu llamada o simplemente tu sonrisa.
Los amig@ no mueren, son como semillas en vida latente, que un día fueron hermosas y vigorosas plantas con maravillosas flores, y que solo necesitan el agua de tus palabras, de tu compromiso, de tu aliento, de tu sonrisa, de tu amor, en fin, de tu amistad.

