Hay una puerta al final del pasillo. No importa de qué esté hecha: madera oscura marcada por mil manos, hierro oxidado, cristal que refleja tu propio rostro o apenas un umbral invisible trazado por una decisión. Lo que importa es que está ahí, esperándote. Una puerta nunca es solo un objeto. Es una invitación doble: a entrar o a salir, a abandonar lo que ya no cabe o a encontrarte con lo que todavía no tiene nombre.
Cerrar una puerta es, para muchos, el gesto del olvido. Es el sonido sordo del pestillo cuando dejas atrás un amor que se apagó, una ciudad que se volvió extraña, una versión de ti mismo que ya no reconoces. Cerrar es decir: hasta aquí. Es el acto de quien decide que aquello que quedó al otro lado ya no le pertenece. El pasado se queda encerrado, como una habitación que ya no se habita.
Pero cerrar también es, de manera extraña y necesaria, el primer movimiento hacia lo nuevo. Porque solo cuando una puerta se cierra detrás de nosotros podemos mirar de frente la que tenemos delante. El olvido no es únicamente pérdida; a veces es el espacio vacío que el futuro necesita para nacer. Cada umbral que cruzamos nos obliga a soltar algo para poder avanzar. Quien no cierra nunca, tampoco llega.
Hay quien pasa la vida abriendo puertas con prisa, como si al otro lado se estuviera acabando el mundo. Hay quien las cierra con miedo, temiendo que lo dejado atrás lo persiga. Y hay quien se queda en el umbral, ni dentro ni fuera, habitando esa zona intermedia donde el pasado todavía duele y el porvenir todavía no tiene forma.
Las puertas no eligen por nosotros. Somos nosotros quienes las empujamos o las dejamos caer. Unas se cierran para siempre. Otras, si las escuchas con atención, siguen crujiendo levemente, como si algo al otro lado todavía respirara.
¿Y tú? ¿Dónde estás ahora? ¿Abriendo puertas con la esperanza de lo que vendrá, o cerrándolas con la certeza de lo que ya no quieres? Quizá la respuesta no sea una sola. Quizá estés, como casi todos, haciendo las dos cosas al mismo tiempo: cerrando una puerta con una mano mientras, con la otra, empujas la siguiente.
