07 enero 2024
En un banco del parque
02 mayo 2023
El entranamiento
Se preparaba para la carrera y se
levantaba todos los días a las cinco de la mañana para correr hora y media.
Mientras se ataba las playeras
pensaba en las palabras de su padre, aquellas que le decía en la adolescencia:
«tienes que trabajar duro si quieres conseguir tus objetivos en la vida, que
las metas no caen del cielo, sino del esfuerzo diario.»
Después recorría el parque central
que rodeaba la ciudad, sintiendo como su cuerpo se activaba mientras oía los
primeros cantos de los mirlos, de los gorriones, de las urracas, de los
petirrojos y veía el despertar de las ardillas o de algún jabalí perdido que
había bajado de las montañas.
Se sentía parte de todo aquello, un
miembro más de la naturaleza a la que respetaba y admiraba y por esa razón solo
corría cross o carreras de montaña. Aquella carrera era una de esas, diferentes y especiales, que le encantaba participar y competir porque le hacía
sentirse especial y parte de todo aquello.
28 abril 2023
El límite
| Fuente: bing |
No llegué. Me desvanecí cuando solo me quedaban trescientos metros para cruzar la meta. Cuando me desperté, no sabía ni dónde estaba ni qué había ocurrido, hasta que caí en la cuenta al ver mi dorsal. Mi primer impulso fue levantarme. Tenía que terminar la carrera, pero el médico me paró en seco. La carrera se había acabado para mí. El mundo se me vino abajo. Tanto tiempo de entrenamiento para nada, pero una nunca sabe qué te puede ocurrir. Mi madre me lo decía: hoy estás aquí y mañana allí. Sí, hay que vivir el momento. El Carpe Diem, lo llaman. Aceptar lo que te venga y cuando te venga. Lo acepté. Estuve en la camilla más de media hora hasta que me recuperé. Me levanté y le pregunté a mi entrenador dónde me había desvanecido y me llevó hasta el lugar exacto. Allí, el frío de Atapuerca se colaba por cada poro de mi piel, y mientras observaba el punto donde había caído, sentí una mezcla de frustración y determinación. Al acabar el evento, cuando ya casi se habían ido todos, fui hasta el punto donde me desmayé. Cada paso que daba era una mezcla de recuerdos y sensaciones. Recordaba el entrenamiento, los madrugones, las tardes en el gimnasio, las carreras bajo la lluvia. Recordaba las palabras de aliento de mi entrenador, el apoyo incondicional de mi familia y amigos. Y ahora, con el silencio de Atapuerca como testigo, sentía cómo cada paso resonaba en mi interior. Recorrí los últimos trescientos metros despacio, a trote cochinero, sintiendo cómo mi cuerpo volvía a activarse, cómo mi cerebro se volvía a concentrar. El aire frío de Atapuerca cortaba mis mejillas, pero eso no importaba. Lo único que importaba era ese momento, esos últimos metros que habían quedado pendientes. A medida que avanzaba, sentía que el peso de la frustración se desvanecía, sustituido por una calma inesperada. Los árboles a los lados del camino se difuminaban mientras me concentraba en el sonido rítmico de mis pies golpeando el suelo. Cada paso era una pequeña victoria, una reafirmación de mi voluntad. Cuando finalmente crucé la meta simbólica, una oleada de emociones me invadió. No había público, no había aplausos, solo el susurro del viento y el murmullo lejano de la naturaleza. Pero para mí, era suficiente. Me detuve un momento, respirando profundamente, sintiendo el aire frío llenar mis pulmones. Había terminado. Tal vez no como lo había planeado, pero había cerrado el círculo. Miré hacia el horizonte, donde el sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de colores cálidos. Sonreí, aceptando que la vida no siempre sigue el plan que trazamos, pero siempre ofrece la oportunidad de terminar lo que comenzamos, a nuestro propio ritmo. Esa tarde en Atapuerca, aprendí una lección valiosa. No siempre se trata de cómo terminas, sino de no rendirte, de encontrar la manera de seguir adelante, incluso cuando todo parece perdido. Y así, con el corazón en paz y la mente serena, supe que, de alguna manera, había ganado mi carrera.
13 mayo 2021
Las llaves
20 abril 2020
20 febrero 2020
Instalación científica
Instalación científica
—Estamos a un paso de conseguirlo, después podremos gritar ¡Eureka!—Está en tus manos, nadie más puede conseguirlo.
—Sí, pero la presión no me ayuda mucho.
—Los científicos trabajamos bajo presión. Tú no eres diferente.
—Solo me falta encajar la última secuencia para establecer el patrón secuencial.
—¿Patrón secuencial? ¿Qué dices? ¡Pepe, despierta, despierta!
—¿Qué pasó?
—Hablabas en sueños, de no sé qué patrón secuencial
—Es que el último trabajo de fontanería me tiene loco. Tengo que terminar una instalación en un edificio del Centro Superior de Investigaciones Científicas.
—Venga, sigue durmiendo, científico.
10 diciembre 2018
La mujer bala

La vio crecer tan rápido que le perdió la pista. Con el tiempo, y después de muchos años, la volvió a encontrar en las calles de su ciudad hecha una mujer, pero perdida en el bucle infernal de las drogas. La fue a buscar para rescatarla y decirle: «todavía eres mi amiguita», pero su amiga de la infancia no lo reconoció. Lo miró y con una mirada endemoniada le gritó que la dejara en paz.
Él no se rindió y siguió yendo todas las noches para intentar sacarla del abismo en el que estaba perdida, pero no lo consiguió.
En una de esas visitas, la encontró tirada entre cartones ennegrecidos, meada y sucia, como una muñeca rota y desvalida que habían tirado al vertedero.
Él se sentó, la puso en su regazo y llamó a los servicios de emergencia que, cuando llegaron, certificaron su muerte. Él la acompañó en la ambulancia intentando controlar un llanto desconsolado. Desde la sala de urgencia, llamó a su familia. Nadie se quiso hacer cargo de ella. Tuvo lo que se buscó, le dijeron sus familiares. Él se sentó junto a ella, le cogió de la mano y le dijo: yo sigo aquí, amiguita.
14 noviembre 2018
Nudo corredizo

Miró la cuerda durante unos segundos y dejó la mente en blanco. Se giró. Fue hacia un rincón del garaje donde estaba el saco de boxeo que había comprado de segunda mano, lo agarró y, con mucho esfuerzo, lo enganchó en el nudo corredizo. Miró hacia el saco y sonrió. Pensó que ya era hora de retomar los entrenamientos de boxeo.
31 agosto 2018
Miedo y destino
15 junio 2018
Siempre me gustó la sangre fresca

¡Bicho asqueroso!
¡Bicho asqueroso!

