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06 abril 2015

Ser crisálida

Querer ser crisálida es complicado cuando no eres un insecto y tomas conciencia de que eres un ser humano colmado de limitaciones, de frustraciones, de mediocridades, fobias, de manías, de egos trasnochados y de envidias inconfesables. 
Un día te das cuenta de que tienes que cambiar desde tu interior y dejar atrás las máscaras, esas pieles viejas que ya no te sirven para nada. Renacer desde tu interior para que te salgan las alas para poder dejar atrás aquello que fuiste y que jamás quisiste ser. Sin embargo, no eres un insecto, no eres un gusano que se convierte en mariposa, eres un ser humano que solo quiere dejar atrás sus miserias y las frustraciones por ser lo que no quieres ser. 
Hoy comienza el cambio, aquí y ahora. Comienzo a ser crisálida en busca de un cambio que me haga un poquito más feliz.

22 marzo 2011

Me pesa la vida

Hoy es un día en que me pesa la vida y no sé muy bien por qué. Simplemente, me pesa y lo intento asumir con valentía, intentando utilizar la metodología del viejo Puncet: seguir adelante, sonreír, pensamiento positivo, alegría de vivir, buscar la felicidad... pero no puedo, me rindo y me dejo llevar por la corriente del desánimo y pienso, ya se me pasara, porque todas las corrientes terminan pasando. Pero me jode, me jode mucho. Me levanto y me doy cuenta de que tengo una bola de hierro pegada a los pies, invisible y muy pesada. La llevo conmigo a cada lugar que voy, arrastrándola por las calles y las plazas, buscando una cizalla con la que contar la cadena que me ata a ella, pero no la encuentro porque sé que en estos días no hay cizallas que valgan; habrá que resistir. Son esos días que prefieres el no estar, el no contestar, el no hablar, el no sonreír, el desaparecer de la faz de la tierra por unos días y revolcarte, un poquito, en el barro de la tristeza. Pero es complicado usar la milenaria técnica Ninja de esfumarte,(Puff, y desapareces) cuando te suena el despertador, porque quieres seguir durmiendo, porque te duele todo el cuerpo, porque te duele pensar, ¡joder! ¡Te duele la vida! Eso también es vivir me digo, sí por llamarlo de alguna manera y por darme ánimos para levantarme. Y sé que me gustaría estar en la playa, leyendo y dedicándome a la vida contemplativa... pero no, voy como un zombi al trabajo a esperar que pase la corriente, porque siempre acaba pasando.

03 enero 2010

Tirar por la calle del Enmedio


De vez en cuando abro mi pecho y solo encuentro la vanidad y el egoísmo de un ser que no se gusta, y quisiera tirar por la calle de enmedio, esa calle que algunos cogen, no porque sea la más corta, ni si quiera la más sencilla, simplemente por que es la única en la que no oyen sus gritos y llantos.
Porque, tengo que decirlo, la vida me pesa, ¡coño! y me pesa tanto, que me gustaría arrancármela de un tajo, como quien corta una mata que se está marchitando. Pero siempre termino mirándome al espejo, ese cabrón que nunca te oculta las verdades y que siempre te habla con susurros, y me veo cobarde, demasiado cobarde para tirar por la calle de enmedio.

07 octubre 2009

El olvido

Pasan los días como pasa la vida, y yo, aquí, sentado en el banco del olvido, veo pasar las caras de aquellos que ya no recuerdo, me saludan, pero no los reconozco, ya los he olvidado, se les pasó el tiempo mirándose en el espejo del ombligo. Todos se fueron, una mañana, y dejaron de ser, se convirtieron en las sombras de sus recuerdos que están impresas en las fotografías de la carcoma y en las cartas del ayer.

06 octubre 2009

La culpa

No quiero ser más el trovador de mi culpa, se me seca la garganta, la lengua se me cuartea como la tierra seca y el alma se me congela solo con pensarlo. Mi culpa nace después de la tormenta del descontrol que irrumpe, de no sé donde, y rompe en mil pedazos los cristales la paciencia. Atarme las manos y arrancarme la lengua para no ver los riachuelos cristalinos que nacen de tus ojos. Pero siempre llega la culpa y el arrepentimiento, de ese escorpión que llevo dentro, a quién quisiera seccionarle para siempre, el aguijón de su carácter.

19 septiembre 2009

Fuimos lo que fuimos

Hubo un día que fuimos lo que fuimos, tú me diste y yo te di, me entregué y te entregaste. Pero un día llegó el viento del cansancio, ese que entra como una brisa marina, suave y sugerente, que con el tiempo se va instalando en los corazones y como un incipiente huracán, se alimenta de las miradas no encontradas, de los besos esquivos, de las caricias forzadas, del amor cangrenado y que con el paso del tiempo, se convierte en un huracán devastador que acaba con todo, sin dejar, si quiera, la sonrisa de aquella entrañable amistad.

16 septiembre 2009

Vecinos

Esto de los vecinos es una lotería, te puede tocar el premio gordo o la perra más gorda de universo. Si tienes la suerte de tener un buen vecino, pues vivirás plácidamente y casi en el nirvana vecinal. Pero si por desgracia te toca en suerte un mal y jodido vecino, pues estás condenado a vagar por el desierto de la incomprensión, caer en el abismo de la desesperación e incluso tocar, con los dedos, los cabellos finos de cruel locura.

17 agosto 2009

Nunca te he escrito

Nunca te he escrito, lo reconozco, pero siempre has estado ahí, presente. Muchas veces me he preguntado cuando fue el primer día en el que noté tu presencia. No lo recuerdo. Te manifiestas cuando te da la puta gana y luego desapareces, así, sin más. Me estoy armando de buenas artes, meditación, respiración abdominal, buenos pensamientos, positivismo, etc, para que con el tiempo, desaparezcas de mi vida porque te moriste por inanición, porque tú te alimentas de mí, maldita carroñera, de mis entrañas, de mi sonrisa, de mi buen humor, de mi pasión y de mi felicidad. Muchas veces tengo ganas de meterme la mano tan dentro, hasta donde pueda, para sacarte los ojos, la lengua, las vísceras, el corazón y enterrarte bajo siete metros de tierra. Sí, siete, porque dicen que es un número mágico, que ahuyenta los malos espíritus, y tu eres un jodido mal espíritu.