22 agosto 2012

¿Qué estoy leyendo? Doña Perfecta de Benito Pérez Galdós.

Como dije, vuelvo a la realidad de la mano de mi paisano, Galdós con su obra Doña Perfecta. Por ahora me va gustando.

21 agosto 2012

¿Qué he leído? ¿Qué estoy leyendo? Juego de tronos de George R. R. Martin

Ya terminé Juego de Tronos y tengo que decir que me gustó mucho mi primera incursión en el mundo fantástico. Ya tengo el segundo en capilla. Ahora vuelvo a la cruda realidad con Doña Perfecta, de mi paisano, Benito Pérez Galdós.

31 julio 2012

Amada, ya volví



Amada, ya volví de las montañas extranjeras,
que subí sediento, en busca de la zarza ardiente
de la pasión y el sexo.
Sí, ya volví de las selvas amazónicas
en las que libé el néctar de todas las flores,
ya volví de los desiertos amarillos
donde casi morí de sed,
ya volví de las cuevas negras, llenas de murciélagos,
que me chupaban la sangre.
Ya volví, amada, pero no te encontré.
Te dije que me esperaras,
al borde del puerto de la esperanza,
sentada, oyendo el murmurar
de nuestros corazones
y tejiendo el abrigo solitario
para nuestro encuentro.
¿Dónde estás amada?
Ya estoy aquí,
sentado en la cresta de la desesperación,
esperando tus pasos de vuelta,
tu mirada enamorada,
tus besos con sabor a marina
y tu comprensión eterna,
ya estoy aquí, amada.





Si quieres oír el audio: Amada, ya volví

También en: 
https://steemit.com/spanish/@moises-moran/amada-ya-volvi

24 julio 2012

Viejo Muelle de Agaete


Foto Yeyo Gil

Ayer recorrí las calles de tu recuerdo,
y seguí los trazos azules que dibujó
la pezuña tintada del unicornio,
que te dieron aquella forma difusa,
que se escondía en los baúles
enterrados en mi memoria.
Me senté en tus piedras grises,
carcomidas por el mar y el viento,
y volví a sentir el latir de tu corazón
de piedra vieja y solitaria,
bañado por tu perfume porteño.
Recordé los amores adolescentes, 
los besos furtivos,
el sexo descubierto y ardiente, 
que enterramos en las sombras de tus rincones salinos.
Contemplé, desde tu atalaya ensalitrada,
la mano mutilada de tu hermano pétreo,
que desde los confines del tiempo,
desafía a la furia de Eolo y a las mordidas de Neptuno.
Me tumbé en tu orilla marina
y me dejé llevar por las barcas del pasado,
aquellas que se olvidaron de abarloar en tus verdes muros.
Allí oía el ronroneo de los guijarros
que jugaban a cantar con cada ola distinta.
Ayer volví al muelle olvidado, entre las letras el primer poema, aquel que se perdió en el traslado hacia los nuevos horizontes de un futuro incierto.

También en:

https://steemit.com/spanish/@moises-moran/viejo-muelle-de-agaete

13 julio 2012

¿Qué estoy leyendo? Juego de tronos de George R. R. Martin

Por fin me he decidido por esta serie fantástica de  George R. R. Martin que ha tenido, y tiene, muchos seguidores. Ya les iré contando.


¿Qué he leído? Un faccioso más y algunos frailes menos de Benito Pérez Galdós.

Este me pareció un libro denso a diferencia de Trafalgar que fue magnífico. Está claro que tendré que seguir los consejos de los amigos.

28 junio 2012

Puerta

Hay una puerta al final del pasillo. No importa de qué esté hecha: madera oscura marcada por mil manos, hierro oxidado, cristal que refleja tu propio rostro o apenas un umbral invisible trazado por una decisión. Lo que importa es que está ahí, esperándote. Una puerta nunca es solo un objeto. Es una invitación doble: a entrar o a salir, a abandonar lo que ya no cabe o a encontrarte con lo que todavía no tiene nombre.

Cerrar una puerta es, para muchos, el gesto del olvido. Es el sonido sordo del pestillo cuando dejas atrás un amor que se apagó, una ciudad que se volvió extraña, una versión de ti mismo que ya no reconoces. Cerrar es decir: hasta aquí. Es el acto de quien decide que aquello que quedó al otro lado ya no le pertenece. El pasado se queda encerrado, como una habitación que ya no se habita.

Pero cerrar también es, de manera extraña y necesaria, el primer movimiento hacia lo nuevo. Porque solo cuando una puerta se cierra detrás de nosotros podemos mirar de frente la que tenemos delante. El olvido no es únicamente pérdida; a veces es el espacio vacío que el futuro necesita para nacer. Cada umbral que cruzamos nos obliga a soltar algo para poder avanzar. Quien no cierra nunca, tampoco llega.

Hay quien pasa la vida abriendo puertas con prisa, como si al otro lado se estuviera acabando el mundo. Hay quien las cierra con miedo, temiendo que lo dejado atrás lo persiga. Y hay quien se queda en el umbral, ni dentro ni fuera, habitando esa zona intermedia donde el pasado todavía duele y el porvenir todavía no tiene forma.

Las puertas no eligen por nosotros. Somos nosotros quienes las empujamos o las dejamos caer. Unas se cierran para siempre. Otras, si las escuchas con atención, siguen crujiendo levemente, como si algo al otro lado todavía respirara.

¿Y tú? ¿Dónde estás ahora? ¿Abriendo puertas con la esperanza de lo que vendrá, o cerrándolas con la certeza de lo que ya no quieres? Quizá la respuesta no sea una sola. Quizá estés, como casi todos, haciendo las dos cosas al mismo tiempo: cerrando una puerta con una mano mientras, con la otra, empujas la siguiente.