14 febrero 2026

Un radar de 25.000 vatios sobre nuestras velas. ¿Es compatible este radar con la Vela Latina?

 


La Autoridad Portuaria ha decidido que la Bocana de la Vela Latina es el lugar ideal para un radar de vigilancia. A priori, suena a progreso, pero el diablo está en los detalles técnicos. Al analizar el pliego de prescripciones técnicas, se me encogió el alma. No van a poner un sensor cualquiera; van a instalar un monstruo de 25.000 vatios (25 kW) de potencia. Para que se hagan una idea de la magnitud, es 250 veces más potente que los otros radares del mismo proyecto. Es como si en un lugar donde basta una luz de lectura, decidieran encender un foco de estadio olímpico directamente sobre nuestras cabezas.

El haz de 25.000 vatios: si busca manchas, nos encuentra a nosotros. Lo que realmente me quita el sueño es nuestra salud. Nos dicen, para que nos quedemos tranquilos, que el radar "mira al mar" y no hacia el interior del muelle. Pero el papel lo aguanta todo, y el pliego técnico es implacable: este sistema no solo debe detectar barcos, sino que tiene que ser capaz de localizar personas en el agua y, lo que es aún más revelador, manchas de vertidos de hidrocarburos.

Aquí es donde entra la física básica y donde se cae el discurso oficial. Para que un radar detecte una mancha de aceite o la cabeza de un náufrago, el haz de energía no puede pasar por encima del horizonte como si fuera un faro lejano. Las manchas de petróleo no flotan en el aire; están pegadas a la superficie del mar, formando una película finísima. Para que el radar "vea" esa mancha, su haz de 25.000 vatios tiene que "chocar" contra la superficie del agua con un ángulo muy bajo. ¿Y qué hay entre la antena de la bocana y esa lámina de agua que el radar debe vigilar? Nosotros. Estamos nosotros preparando los botes, están nuestras tripulaciones peleando con la escota y estamos todos cruzando ese "pasillo" de salida. Para que el radar haga su trabajo de detectar vertidos, tiene que freír literalmente la zona por la que navegamos. El haz no nos pasa por encima; nos atraviesa.

Esto no es una exposición puntual. Nuestra instalación deportiva está activa todo el año. Pasamos horas allí, bajo la influencia de esas pulsaciones invisibles de Banda X. Y lo que es más sangrante: la cantera de la Vela Latina está llena de niños y adolescentes. Sus cuerpos, todavía en desarrollo, son esponjas ante la radiación electromagnética continuada. Si el radar necesita "limpiar" la superficie del mar para buscar manchas de hidrocarburos, lo hará a costa de barrer nuestras cubiertas con una potencia que, recuerdo, es 250 veces superior a la de otros puntos del puerto. No estamos ante un sistema de vigilancia; estamos ante un foco masivo de radiación instalado en el cuello de botella de nuestro deporte.

Lo más absurdo es que existen alternativas claras. El propio proyecto contempla ubicaciones como el Muelle Reina Sofía, una zona puramente industrial, de acceso restringido y alejada de la práctica deportiva intensa. ¿Por qué empeñarse en la Bocana de la Vela Latina? ¿Por qué castigar el punto con más densidad de deportistas con el equipo más potente de toda la red? El Real Decreto 1066/2001 exige minimizar la exposición en espacios sensibles, y si un muelle lleno de deportistas y niños no lo es, que alguien baje de su despacho y me lo explique.

Pero hay algo que me indigna profundamente: la Federación de Vela Latina Canaria de Botes está en estas instalaciones bajo una concesión administrativa. No estamos aquí gratis; pagamos más de 50.000 € por el uso de este espacio y, por tanto, tenemos derechos legales que parecen haber sido ignorados. Como concesionarios, cualquier instalación que altere la seguridad o la higiene de nuestra actividad debería haber sido consultada. Instalar este radar sin contar con nosotros no es solo un desplante administrativo, es una posible vulneración de las condiciones de nuestra concesión.

La Federación es nuestra voz y nuestra defensa, y no puede seguir callada mientras se toma una decisión que hipoteca nuestra integridad. Su obligación moral y legal es velar por nosotros, los que mantenemos vivo este de deporte que es  Bien de Interés Cultural. La tecnología no puede pasar por encima de las personas. 

Queremos puertos seguros, por supuesto, pero no a costa de convertir nuestra base náuctica en una zona de radiación constante. Es hora de exigir que se busque otra ubicación para ese radar. No vamos a permitir que apaguen nuestra tradición con 25.000 vatios de indiferencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si quieres dejar un comentario, y no sabes como hacerlo, pica donde dice: "Anónimo", escribe tu comentario y luego pica sobre "Publicar comentario". Gracias.