23 abril 2017

El presente




El presente es jodido, que no nos queda otra que vivir en el pasado o intentar vivir en el futuro.
Hay días, semanas o épocas enteras en las que el "aquí y ahora" no es un regalo, es una condena. Despertarse y encontrarse con una realidad que pesa, con responsabilidades que ahogan, con la misma rutina gris o con una incertidumbre que te carcome las entrañas... es agotador. En esos momentos, que alguien te venga con el discurso optimista de "tienes que conectar con el presente" suena casi a insulto. ¿Quién querría quedarse en un lugar que duele?

Por eso huimos. Y está bien admitirlo.

Cuando el día se pone insoportable, yo también me veo a mí mismo viajando. A veces me voy atrás, a esos años donde la vida era más simple, donde las risas eran más fáciles y no tenía este nudo en el estómago. Me refugio en canciones que escuchaba hace diez años o en recuerdos de personas que ya no están, buscando un poquito de ese calor que hoy me falta. Es como ponerse una manta vieja que huele a hogar.

Y otras veces, cuando el pasado se siente demasiado lejano, me da por inventar mañanas. Me descubro construyendo castillos en el aire, imaginando el día en que por fin cambie de aire, en que los problemas se resuelvan solitos, en que pueda respirar aliviado. Nos volvemos arquitectos de ilusiones porque el futuro es el único lugar donde todavía podemos soñar que ganamos.

Pero hay una cruda realidad en todo esto, una que duele aceptar: mientras viajo al pasado o al futuro, mis manos aquí están vacías.

Vivir refugiado en lo que fue te deja una sensación de vacío, una melancolía que te va apagando el brillo de los ojos. Y vivir esperando el mañana te llena de una ansiedad eléctrica, como si estuvieras en una sala de espera eterna, dejando que la vida real pase de largo mientras miras el reloj. Es una forma de desaparecer en vida.

Si estás en ese punto donde el presente es jodido, no te voy a pedir que lo ames. No hay que ser masoquistas. Pero sí te diría, de persona a persona, que intentes no mudarte del todo a esos otros tiempos. Está bien ir al pasado a recordar que eres fuerte y que has salido de otras. Está bien ir al futuro a buscar un faro que te dé una razón para levantarte mañana.

Pero regresa. Aunque sea solo para respirar hondo, mirar alrededor y decir: "Vale, esto está fatal, pero sigo aquí". Al final del día, este presente incómodo, roto y pesado es el único barro que tienes entre las manos. Y aunque hoy solo te ensucie, es el único material con el que vas a poder construir algo mejor para mañana. No te abandones en el camino.

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